La Señora cautiva, enamora y hace más firme la fe de sus hijos. Antes de su "aparición" en Orihuela, y en
cuanto a los desfiles pasionarios se refiere (con muy pocas excepciones) era impensable que la devoción
consiguiera sacar las imágenes a hombros, con "pilares" como así llamamos en Orihuela, porque sobre andas
transportan con fe y devoción a las imágenes. No existen en nuestra Ciudad ni antes ni ahora el término
"costalero", pues el sistema que emplean éstos es cargar sobre su cerviz el peso del trono. Esto ocurre en
Andalucía.
Si nos remontamos a las procesiones anteriores a 1936, vemos en aquellas viejas fotografías que la mayoría
de los pasos eran asistidos por "pilares" y como el lector habrá leído anteriormente, precisamente nuestra
Cofradía no puede asistir a la invitación de la Venerable Orden Tercera, porque no tenía dinero ni para la
cera ni para los pilares. Es evidente que éstos, en aquellas fechas, cobraban su trabajo. Siempre se ha
dicho que el paso de la Santa Cena, las viandas que sobre la mesa se exponían, eran consumidas al final de
la procesión por los porteadores del trono, además de cobrar.
En cuanto a las "excepciones" a las que antes me he referido, ocupa sin lugar a dudas nuestro Padre Jesús,
y en cuanto a los pasos del Santísimo Entierro de Cristo, gracias a una hermandad surgida recientemente
del Raiguero de Bonanza que además de no cobrar, han conseguido para esta procesión un respeto que nos
arrebata a quien los contemplamos.
Y se produjo el milagro. Lo que nunca pudimos imaginar es la "captación" que la Virgen ha hecho con estos
hombres (hoy ya cuenta con cien pilares) que derrochando esfuerzo y sin temor a la fatiga con una devoción
probada y sentida interiormente llevan en sus alas a la Señora.
Desde que comenzamos con la ilusionante idea de portar a la Señora sobre pilares, muchísimas dudas y
preguntas nos surgieron. Como no podía ser de otra manera, nos dirigimos a nuestros hermanos de la
Esperanza de Triana, para que nos dieran unas pequeñas lecciones técnicas de cómo debíamos afrontar la
transformación de nuestro paso de palio, para ser portado por pilares.
Rápidamente, lo esencial era disminuir al máximo el peso del trono, que dándonos las primeras
explicaciones técnicas, previo acuerdo de junta, convenimos que las parihuelas del paso, fuesen de
titanio, material de una aleación, resistente, flexible y de escaso peso, realizándose la obra de
metalistería en la capital hispalense.
Seguidamente, debíamos pensar la vestimenta del cofrade-pilar, que por un acuerdo unánime, se decidió que
el rostro de los cofrades-pilares fuese cubierto, diseñándose el actual traje, ya que la única faz visible
y rebosante de alegría, debía ser la de la Señora.
Teniendo las parihuelas en nuestro poder, los talleres de confección trabajando con la vestimenta, y los
cofrades-pilares, ansiosos de comenzar los ensayos, de la mano del tenaz director de la banda de los
Santos Juanes de Catral, D. Aurelio Albero, empezamos a familiarizarnos con las marchas procesionales y
emprendimos nuestros primeros andares, que poco a poco, nos ilusionaban y nos llegaban hasta emocionar,
pensar como caminaría la Madre de Dios por las calles de Orihuela.
Con parte de nuestros inicios avanzados, en las frías noches de enero de 2006, emprendimos los ensayos con
las parihuelas, con su peso, aireando las faldillas y embriagando las calles de aromas y esencias de
incienso, para figurar la estación penitencial, todos abrazando nuestro varal, y con paso firme y
categórico, todas las noches enfilábamos la calle Ramón y Cajal, y de fondo sonaban marchas, como Amor de
Madre, Señora, Dulce Nombre de María, y siempre, decididos al constante perfeccionamiento, con un marco
incomparable, grandioso, admirable, cuando superábamos el claustro de la Catedral, y nos encaminábamos a
avistar la Catedral y el Palacio Episcopal, sonaban marchas como, Cristo del Amor, Cristo del Perdón, para
mostrar nuestro respeto y como queriendo demandar la venerable autorización de portar a la querida Virgen
de la Esperanza.
Gracias a Dios y a su Bendita Madre, nos superamos en los imprevistos, nos crecimos en la adversidad, y
nos ayudó a caminar con paso decidido, marcando el ritmo de la marcha que sonaba, y emocionados, con una
aglutinada plaza de Monserrate, clamorosa de alegría y brindándonos una conmovedora ovación, presentamos a
la ciudad la faz de Ntra. Sra. de la Esperanza, alcanzándose una entrada gloriosa, y todos fundidos, con
los ojos llenos de agua, derramándose algunas lágrimas de satisfacción, formando un solo hombro, un solo
brazo, la ofrecimos con nuestra arenga: ¡¡AL CIELO CON ELLA!!
Finalmente, agradecer todas las ayudas a la junta directiva, amigos, simpatizantes, banda Auxilium, grupo
de tambores, etc., y por supuesto, a todos los que pusieron su ilusión, su saber hacer, su aguante, y
sobre todo, el amor profesado, han sido los valores esenciales para alcanzar este acontecimiento anhelado
por cofrades, como vosotros COFRADES-PILARES, auténticos ejemplos de sacrificio y humildad, como es la
escena de El Lavatorio.
Que Dios nos otorgue muchos años para poder continuar compartiendo estos momentos, únicos, inenarrables, y
que nos sirvan de vínculo de unión para alcanzar la satisfacción y el privilegio de portar a la Madre de
Dios, y reencontrarnos con el abrazo de hermanos de Madre de la ESPERANZA.